Cuestiones acerca de la teúrgia en Proclo

Metafísica, eros y ritual en el platonismo de la antigüedad tardía

José Manuel Redondo

En este artículo, José Manuel Redondo se propone retratar los complejos modos en que se relacionan la teúrgia o práctica ritual y la filosofía en el platonismo postplotiniano tardo-antiguo, particularmente en Proclo (s. V), uno de los más sobresalientes filósofos helenos. Fue publicado originalmente en la revista Nova Tellus (Vol. 37, N° 1, enero-junio 2019, pp. 73-98). Las referencias de las notas al pie y la bibliografía pueden consultarse aquí.

Te has revelado a un tiempo, poeta, filósofo y hierofante¹ la potencia teúrgica
(θεουργικῆς δυνάμεως), la cual es superior a toda templanza y ciencia humana,
y que comprende el bien de la mántica, los poderes purificadores
en la realización de los ritos (τελεσιουργικῆς καθαρτικὰς δυνάμεις),
y en breve, todas aquellas cosas como son los efectos
de la posesión divina (ἐνθέου κατακωχῆς ἐνεργήματα)²
.

LOS PLATÓNICOS, EL EROS Y LA TEÚRGIA EN LA ANTIGÜEDAD TARDÍA

Las referencias a la θεουργία en las obras de los platónicos de la antigüedad tardía se dan a partir de Porfirio, y se convierten en una temática distintiva entre los más importantes filósofos posplotinianos, como es el caso del divino Jámblico, quien a finales del s. III de nuestra era polemizará con Porfirio al respecto, particularmente acerca de la relación entre la teúrgia y la filosofía, el valor que la primera tiene para la segunda, algo pobremente entendido por Porfirio, según Jámblico. Éste es seguido, entre otros, por Siriano, Proclo y Damascio, los últimos grandes intelectuales y maestros helenos, pertenecientes a los ss. V y VI.³ El término “teúrgia”, hasta donde conocemos, aparece por primera vez en los Oráculos Caldeos (O. C.), colección de hexámetros revelados por los dioses, de contenido teológico y técnico (instrucciones rituales), altamente apreciados por los filósofos como textos de sabiduría inspirada, una teología poética considerada como una expresión equivalente o análoga a la de la metafísica de la paideia platónica. Asimismo, los filósofos reconocen en el motivo del ascenso celeste del alma, un elemento común a ambas tradiciones; temática que constituirá una de las principales pretensiones rituales de los teúrgos platónicos junto con la experiencia del éxtasis y la posesión divina.
En los O. C., la teúrgia se refiere a la práctica específica de una tradición mistérica helénica asociada con la sabiduría de los caldeos, tradición tanto literaria como técnica y ritual, que surge entre finales del s. II y principios del III.⁴ Por influencia de los O. C., pero independientemente de ellos, en lo general y de diferentes maneras, los platónicos emplearán el vocablo “teúrgia” para aludir de un modo global a toda techne ritual o arte de comunicación y participación con los dioses. Correlativo a este empleo global de teúrgia, es el de θεουργός (teúrgo) como un experto técnico de lo sagrado.⁵ Para los platónicos, la meta última de la teúrgia es la ἕνωσις o unificación del alma, la unión con la divinidad; a partir de Plotino, finalidad de la filosofía misma. Se trata de la manera en que el platonismo tardo-antiguo proyecta aquello que es concebido como el objetivo de la filosofía, expresado por Platón en la República (613 a-b) así como en el Teeteto (176 a-b), donde se habla de la “asimilación a la divinidad, en la medida de lo posible” (ὁμοίωσις θεῷ κατὰ τὸ δυνατόν).⁶ De forma genérica, los platónicos se refieren principalmente a la teléstica y al arte hierática como sinónimos de teúrgia; nociones tradicionales mucho más antiguas que, junto con varias otras, también permiten que los filósofos realicen diversas distinciones y clasificaciones de diferentes subclases o tipos de prácticas rituales.⁷ Podemos decir que, desde el punto de vista de los platónicos, la teúrgia engloba toda práctica ritual: religiosa, mágica, mística y adivinatoria, actividades que para la cultura helénica se hallan indisolublemente interpenetradas. Estos filósofos apuntan hacia el valor noético, político y ético del rito; su valor práctico. Sin embargo, la teúrgia —el ritual—, así como ocurre con el mito para los platónicos, al mismo tiempo se convierte en una metáfora filosófica e imagen contemplativa extraordinariamente compleja; Proclo es el ejemplo que mejor ilustra esto. La misma ambivalencia que supone el significado de θεουργία (theion ergon, actividad divina) es explotada filosóficamente por los platónicos: la teúrgia es ejercida por los seres humanos, pero como actividad es dominada por las imágenes, los símbolos (σύμβολα) y las contraseñas (συνθήματα) divinas. En un sentido primario, la teúrgia es una actividad de los dioses; en un sentido secundario, se trata de una técnica, una actividad realizada por seres humanos. Digamos que para los platónicos ambos aspectos son operativamente simultáneos y ocurre en diferentes niveles.⁸
En el caso de Plotino, el término “teúrgia” no aparece como tal en las Enéadas, pero sí encontramos referencias directas a la magia, la teléstica, la mántica (particularmente la astrología), los misterios y otras tradiciones rituales de “los sabios antiguos” (οἱ πάλαι σοφοί).⁹ Cabe resaltar que este filósofo, a la vez que alude positiva y creativamente a estas disciplinas, critica con mucha dureza a los astrólogos y a otros adivinos, magos y brujos profesionales; también lo harán los demás platónicos posteriores, incluidos los teúrgos. Plotino comparte un vocabulario técnico con el material de los Papyri Graecae Magicae (P. G. M.)¹⁰ y el Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum (C. C. A. G.),¹¹ pero como ocurre con otros platónicos, tal vocabulario adquiere un significado filosófico, a la vez remite a un proceso psicológico o a una entidad metafísica, por ejemplo. Es decir, la práctica ritual se halla discretamente presente en la obra del filósofo, sobre todo, como metáfora filosófica; independientemente del grado en que en efecto hubiera una práctica ritual por parte de Plotino, motivo de controversia entre investigadores.¹² Sin embargo, en su discurso y metodología tanto hermenéutica como ética, se privilegia el acercamiento contemplativo;¹³ esto es, la contemplación intelectual como ejercicio espiritual, que los platónicos tenderán a contrastar con la práctica ritual pero no como opuestos, sino como actividades complementarias o incluso como diferentes aspectos de una dinámica educativa polifacética. La referencia principal de la que ha dependido la investigación moderna para distinguir, en el seno del platonismo, entre una corriente de filósofos que privilegia la teoría, la contemplación, la filosofía propiamente, y otra corriente que prefiere la teúrgia en lugar de la filosofía, es la famosa distinción que realiza Damascio, contemporáneo más joven que Proclo y quien estudió y enseñó en las dos principales escuelas platónicas, la de Atenas y la de Alejandría, a finales del s. V y principios del VI, siendo un testigo del declive de ambas escuelas luego de las severas prohibiciones impuestas por los cristianos a la educación helénica. Afirma Damascio

Porque algunos como Porfirio, Plotino y muchos otros filósofos, colocan en primer lugar a la filosofía; pero otros, a la hierática (τὴν ἱερατικήν), como Jámblico, Siriano, Proclo y todos los hieráticos (οἱ ἱερατικοὶ). Platón, comprendiendo que las defensas de una y otra parte eran muchas, las condujo hacia una sola verdad, llamando al filósofo “Baco”, porque el que se separa a sí mismo de la generación, si se pusiera en medio, conducirá a uno hacia lo mismo que el otro. Aunque es evidente, sin embargo, que magnifica con Baco al filósofo, como honra al intelecto llamándolo dios o lo decible con la luz inefable.¹⁴

Esta distinción, cuya finalidad es erística, más bien retórica, ha sido tomada como un dogma por algunos investigadores, haciendo de ella una especie de oposición dualista, como si se tratara de dos alternativas; para lo cual, se hace referencia únicamente a la primera oración del parágrafo citado.¹⁵ Sin embargo, de acuerdo con Damascio, parece que se trata más de una diferencia de énfasis, de grado. En el resto del parágrafo, dicho filósofo aclara esto, al poner a Platón como ejemplo de que filosofía y teúrgia han de ir unidas o conformar una sola unidad y no dos alternativas diferentes; razón por la que, para Platón, según Damascio, el filósofo es considerado un Baco, del mismo modo que se honra al intelecto denominándolo “dios”. Conforme a aquellos caracterizados en la cita como los hieráticos, el teúrgo, necesariamente, al mismo tiempo ha de ser un filósofo,¹⁶ quien, además de practicar la ciencia, articula su ejercicio ritual en términos de una metafísica/cosmología y de una psicología, disciplinas que a su vez corresponden a una teoría del eros, principio divino así como una especie de valor meta-racional para los platónicos, concebido junto con la imaginación cual agente mediador fundamental en la teúrgia.¹⁷ Pero el teúrgo no solamente es un científico, sino que, en su calidad de filósofo, también ha de practicar la virtud; es necesario que la teúrgia vaya de la mano de la ética:¹⁸ el perfeccionamiento del teúrgo, tras un entrenamiento de muchos años, se concibe como la coronación del currículum de desarrollo ético del platonismo posplotiniano, donde las llamadas virtudes teúrgicas son las últimas en ser plenamente alcanzadas en su programa ético, el cual, entonces, supone una experiencia y madurez tanto intelectual como emocional por parte del filósofo practicante de la teúrgia.¹⁹
Por un lado, la noción platónica de la μανία o locura divina (Fedro) es un elemento clave en lo que atañe al contexto intelectual de la teúrgia, según los filósofos hieráticos.²⁰ Éstos vinculan la noción de la “manía” con la de “reminiscencia”, actuando la primera como una forma de reminiscencia simbólica, análoga a la intelectual, mas no idéntica, sino como su contraparte, digamos; basada en la dialéctica natural del eros, esta reminiscencia es activada por la συμπάθεια (simpatía) y la πειθώ (la persuasión),²¹ ambas despiertan en el alma un conocimiento simbólico innato. Por otro lado, pero relacionado con lo anterior, también son elementos de dicho contexto intelectual la expresa crítica por parte de los hieráticos a lo que parece un “intelectualismo” excesivo y arrogante de algunos filósofos, un reduccionismo de la filosofía a puras demostraciones, teorías y discursos. Asimismo, una concepción crítica acerca de los límites de la razón y del lenguaje son también elementos muy importantes del contexto intelectual de la teúrgia. Todo ello forma parte de las intrincadas consideraciones multidisciplinarias que realizan los platónicos tardo-antiguos acerca de la teúrgia, las cuales, dada su extensión y complejidad, resulta imposible desarrollar a profundidad en este artículo, salvo a modo de un boceto sintético y panorámico.
Provisionalmente, podemos definir la teúrgia platónica como el ejercicio ritual de los filósofos, una actividad concebida como una herramienta ética que es a la vez tanto una teología práctica como una metafísica y cosmología aplicadas; contemplación y mito en acción; es decir, en cierto sentido se trata de un ejercicio de filosofía práctica.²² Definida así, podemos apreciar que los platónicos hieráticos conciben a la teúrgia como inseparable de la filosofía. Proclo ilustra la unidad dialéctica de teúrgia y filosofía, de un modo integral y mejor que cualquier otro platónico, al ser una célebre y reconocida mentalidad analítica y científica de la antigüedad tardía, riguroso en su minuciosa metodología escolástica, obsesivo con las precisiones argumentativas, erudito y prolífico comentador de la tradición filosófica, autor de numerosas obras originales (filosóficas, científicas, literarias y teúrgicas);²³ pero, al mismo tiempo, de acuerdo con la Vita Procli que escribe su sucesor, Marino de Neápolis, es un comprometido y experimentado practicante infatigable de diferentes tradiciones rituales de diversas culturas.²⁴ Para Proclo, es fundamental que los filósofos se ejerciten no sólo intelectualmente, sino que también la parte divina del alma pueda ser perfeccionada estableciéndose una simpatía con los misterios por medio de discursos inspirados (ἐνθαστικόν) o revelados, como los oráculos y los mitos, no nada más con discursos demostrativos (ἀποδεικτικόν).²⁵ Este doble aspecto es un reflejo de la metafísica binaria, o doble (henadología-ontología), de Proclo; a su vez, esto se manifiesta en sus propias actividades teúrgicas (himnodia a los dioses, ritos solares, visiones divinas, etc.), en las cuales el filósofo distingue dos aspectos: tanto uno intelectual, espiritual y teórico, como otro erótico y performativo o artístico, la ejecución inspirada.
Durante las últimas tres o cuatro décadas —aproximadamente—, observamos un cambio significativo en el modo en que es valorada la teúrgia en Proclo; es una revaloración paralela a la forma en que actualmente ha sido reconsiderada en general toda su filosofía, la cual podemos caracterizar como holística, una propuesta integral. En particular, cabe subrayar el renovado interés que ha causado su sofisticado y revolucionario proyecto metafísico, su henadología.²⁶ Se trata de una metafísica cuya orientación es un radical monismo no-dual, resultante en una apreciación radicalmente positiva respecto al mundo, a la imaginación y al cuerpo. Dichas revaloraciones son también paralelas a la actual reconsideración general tanto del “neoplatonismo” como de la antigüedad tardía misma. En la investigación especializada contemporánea, la temática de la teúrgia en el platonismo posplotiniano ya no es vista como un embarazoso hecho en la historia de la filosofía antigua: filósofos que, según esto, habían cedido a la tentación de involucrarse con prácticas de sincretismos decadentes e irracionales, por influencia del “supersticioso Oriente”; una corrupción de la aún “pura” o “verdadera” filosofía de Plotino. A pesar de que algunos de estos prejuicios —y otros similares— perduran,²⁷ nuevas generaciones de investigadores reconocen la íntima y compleja relación existente entre la teúrgia y la metafísica para el platonismo tardío, particularmente, entre la teúrgia y el modo en que es concebida el alma, piedra angular de la paideia platóni­ca.²⁸ Relacionado con este último punto, por ejemplo, se ha destacado el papel práctico que juega la noción de la ἐπιτεδειότης: la teúrgia no es una actividad que pretende cambiar a los dioses, forzándolos, sino que se dirige a generar el estado adecuado, aptitud o habilidad (epitedeiotes) correspondiente, en el alma, para que ésta pueda recibir a la divinidad;²⁹ se trata de una capacitación integral de la imaginación como medio de vínculo y conocimiento de lo divino (imaginación intelectiva), operada en términos de una hermenéutica simbólica y analógica, coordinada con las elaboradas y sutiles teorías platónicas sobre la metáfora, la analogía, el símbolo y la imagen, así como de interpretación de mitos.³⁰
En las últimas décadas, ha cambiado significativamente nuestra comprensión de la antigüedad tardía, contexto histórico y sociopolítico indispensable para entender el lugar de la teúrgia en el platonismo, especialmente como una respuesta crítica de parte de los helenos al cristianismo progresivamente dominante.³¹ Del s. II al VIII d. n. e., período que consideraremos como antigüedad tardía, los pueblos del Mediterráneo experimentaron una mezcla de culturas e ideas que, como sugiere DePalma, no habría de repetirse hasta nuestra época. Fue una etapa dinámica, creativa, de gran flexibilidad intelectual.³² Durante esta época atestiguamos el impacto, en el imperio gobernado por Roma, de nuevos movimientos religiosos como el cristianismo y el islam, pero también el desarrollo del maniqueísmo, el mazdeísmo iranio y, en una menor escala, los sabianos de Harrán.³³ Todos ellos, aunque de diversos modos, tenían tendencias y aspiraciones universalistas: un universalismo cultural³⁴ también compartido por los platónicos, impulsores del helenismo.
Durante la antigüedad tardía, el derecho romano y el Talmud judío fueron codificados; los credos cristianos fueron formulados, el canon de las escrituras judeocristianas fue establecido y se escribió el Corán.³⁵ Como afirma Garth Fowden en relación a las aspiraciones universalistas señaladas, una de las características definitorias de dicha época es la convicción de que el conocimiento acerca del Dios Uno justifica el ejercicio del poder imperial y lo hace más efectivo.³⁶ Este período histórico revela una cultura helénica —“pagana”— muy lejos de estar agonizando o ser decadente.³⁷ Tal cultura se extiende por Asia Menor, Siria, Arabia, Palestina y Egipto, colmada de vida, respondiendo sensiblemente al medio ambiente cristiano dominante, del mismo modo en que el cristianismo respondía al mundo helénico donde se desarrolla. El bullicioso cruce de caminos, y destinos, en que se convirtió el helenismo encontraría su centro de gravedad en la llamada “creciente fértil”.³⁸ Espacio geográfico y cultural, período histórico del que la teúrgia platónica es expresión, perteneciente a una koiné teológica y ritual compartida a lo largo y ancho del Mediterráneo y del Oriente Medio, tuvo en común la representación de la divinidad como fuego celeste. La temática del fuego y la luz, junto con la del Sol y los astros, predomina en toda la literatura mística de la antigüedad tardía. Filósofos, médicos, sacerdotes, iniciados y magos comparten una visión del cosmos dinámica y pneumática, a su vez astrológica: el cosmos está totalmente permeado por las potencias divinas irradiadas de los cielos.³⁹
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LA TEÚRGIA Y LA MÁNTICA, EL ARTE HIERÁTICA Y LA TELÉSTICA

El tema de la teúrgia es omnipresente en la obra de Proclo y se aborda desde una perspectiva multidisciplinaria. Da la impresión de que intencionalmente no hay una definición única ni exclusiva de la misma por parte del filósofo. La teúrgia parece funcionar como un metalenguaje filosófico que evoca aquello más allá de lo que el ser humano puede comprender; pero que, sin embargo, puede intuir, o incluso, de alguna manera, llegar a experimentar, objetivo del ejercicio ritual.
Un rasgo distintivo de la filosofía y la teúrgia de Proclo es su fundamento astronómico, correspondiente con el cual la astrología desempeña un papel central en la teúrgia procleana; podemos decir que ésta es astrológica.⁴⁰ Observamos esto con mayor claridad, si consideramos la relación establecida por Platón entre la teología y la astronomía, sobre todo en el libro X de las Leyes.⁴¹ Si definimos la teúrgia como teología práctica, entonces podemos decir que, para los hieráticos en general, la astrología es a la teúrgia lo que la astronomía es a la teología. Esto es algo particularmente acentuado en Proclo quien, en sus discursos y prácticas, privilegia a los “caldeos”, término usado como sinónimo de “astrólogos” en la antigüedad tardía. Lo anterior estaría en concordancia con el programa esbozado por Jámblico en De mysteriis, de una astrología theurgikes (vs. la astrología technikes de los profesionales), noción que parte de una proyección teórica mayor: tanto para Jámblico como para Proclo, en un sentido importante, la teúrgia y la adivinación o mántica (μαντική) se identifican, una debe de incluir a la otra;⁴² de ahí que también podamos hablar de una teúrgia astrológica. De igual forma, estará en concordancia con la proyección jambliqueana de las llamadas correspondencias astrológicas como el lenguaje cósmico que estructura y habilita las operaciones teúrgicas; esto es, el ordenamiento divino de referencia para el uso, en los ritos, de los símbolos y señales o contraseñas apropiadas para cada dios; noción ampliamente desarrollada por Proclo en su teoría y práctica de la teúrgia.⁴³ Se trata de una visión astrológica del mundo y del ser humano compartida, según señalamos más arriba, con diversas manifestaciones de la cultura helena difundida a lo largo de todo el Mediterráneo y el Oriente Medio (los hermética y los papiros mágicos griegos, por ejemplo). Al respecto, resulta muy ilustrativo el interés, por parte de los platónicos, en las técnicas astrológicas para determinar el daimon, o sea, calcular cuál es el oikodespotes (οἰκοδεσπότης) o planeta considerado como el gobernante de la genitura o esquema astral de nacimiento,⁴⁴ símbolo de la divinidad tutelar del alma particular, a su vez correspondiente a aquello llamado el uno del alma (ἓν τῆς ψυχῆς), nomenclatura clave del platonismo posplotiniano, con un registro metafísico, psicológico y epistemológico.
Al ejercerse desde una perspectiva científica, además de asociarse con diferentes disciplinas científicas, como es el caso de la astronomía, la teúrgia se convierte en ciencia (ἐπιστήμη). De un modo similar a sus antecesores, Proclo hablará de una theia episteme y de una hieratike episteme.⁴⁵ Así, la ciencia hierática es concebida como integral: una epis­teme y una techne; un cuerpo de conocimiento científico y técnico. Si bien, al tener su origen dinámico en los dioses, el poder de la teúrgia (θεουργικῆς δυνάμεως) es superior a la ciencia, pues se encuentra más allá del alcance y conocimiento humanos (ἣ κρείττων ἐστὶν ἁπάσης ἀνθρωπίνης σωφροσύνης καὶ ἐπιστήμης),⁴⁶ también es más que solamente un saber técnico. Ahora, en tanto arte o técnica realizada por seres humanos, usando la misma fórmula de Plotino, Proclo remite a las técnicas hieráticas de “los sabios antiguos” (οἱ πάλαι σοφοί), como es el caso del arte de los sacerdotes griegos.⁴⁷ En los fragmentos preservados de Περὶ τῆς καθ’ Ἕλληνας ἱερατικῆς τέχνης,⁴⁸ Proclo expone los principios generales que fundamentan a la teúrgia, aquellos comunes a “las iniciaciones (τελεταῖς) y otros servicios en torno a los dioses (θεοὺς θεραπείαις)”, revelados a “los jerarcas de la hierática” (ἱερατικῆς ἡγεμόνες).⁴⁹ Su discurso testimonia la extraordinaria belleza que la visión sacramental acerca del cosmos implica por parte de la teúrgia. Según se sugiere desde el inicio del texto, la teúrgia se basa en una dinámica erótica:

Como los amantes (οἱ ἐρωτικοὶ), que, a partir de la belleza en la percepción, recorren el camino y alcanzan el principio único de todas las cosas bellas y comprensibles, de esa misma forma, también los sacerdotes (οἱ ἱερατικοὶ), a partir de la simpatía en todos los fenómenos, entre las fuerzas manifiestas e inmanifiestas, comprendiendo que todo está en todo (πάντα ἐν πᾶσι κατανοήσαντες), adquirieron el conocimiento hierático (ἐπιστήμην τὴν ἱερατικὴν συνεστήσαντο), sorprendién- dose al observar que las cosas primeras están en las últimas y las últimas en las primerísimas, que en el cielo están las terrestres según causa celestialmente y, recíprocamente, en la tierra las celestes de modo terrestre.⁵⁰

Para los platónicos, una de las principales referencias acerca de esta visión metafísica y cósmica del eros es el Banquete de Platón, en donde se habla en específico de la ἱερέων τέχνη (202e-203d), el arte sacerdotal o técnica hierática “relativa tanto a los sacrificios, como a los ritos, ensalmos, toda clase de mántica y la magia [goeteian]”:⁵¹ todas estas actividades, según explica Diótima a Sócrates, se basan en una operatividad erótica que media entre la divinidad y los mortales. Para Proclo, éste es el caso del rezo, actividad que, según el filósofo, se traslapa con la teúrgia; una de las principales actividades teúrgicas que realiza Proclo es la himnodia o canto de rezos a los dioses.⁵²
La práctica filosófica de la himnodia tiene un antecedente fundamental en Platón,⁵³ así como el interés por la teléstica. La τελεστική es una de las formas de la μανία, la locura divina de la que se habla en el Fedro, la manía que corresponde al dios Dionisos relacionada con los misterios, las iniciaciones y las consagraciones.⁵⁴ Como sucede con el arte hierática, Proclo emplea teléstica y teúrgia como sinónimos.⁵⁵ La primera se refiere a las consagraciones, tanto de los iniciados como de los objetos cúlticos de las divinidades, principalmente sus estatuas. Por medio de ésta, los teúrgos preparan las imágenes cúlticas de los dioses y se preparan a sí mismos cual estatuas, para recibir la iluminación divina que les anime. Los platónicos juegan con el significado del término “teléstica”, aludiendo con ello tanto a la creación y animación de dichas imágenes cúlticas, su desarrollo y perfeccionamiento (telein), como al perfeccionamiento del alma. La elaboración de las estatuas se realiza al conjuntar diversos materiales, todos correspondientes al dios en cuestión: “por medio de ciertos símbolos y señales secretas [la teléstica] asemeja a los dioses las estatuas hechas de este modo y las hace apropiadas para la recepción de las iluminaciones divinas”.⁵⁶ El arte teléstico, asevera Proclo, establece en la tierra lugares adecuados para los oráculos, imágenes cúlticas de los dioses y la predicción de eventos futuros, todo ello por medio de símbolos; de manera que “las cosas generadas de una materia parcial y corruptible son adaptadas para participar de la divinidad”.⁵⁷ Con la guía divina, el teúrgo accede a las creaciones de los dioses, para que así, con la instrucción de ellos, con su arte, pueda reproducir el oficio divino de la creación, del cosmos considerado como una liturgia hierática de los dioses:

A partir de estas cosas y aquellas, [los teúrgos] fueron impulsados, conocieron las fuerzas daimónicas, porque las substancias de las energías que están en la naturaleza son vecinas de los cuerpos y se encaminaron hacia la conjunción de substancias a partir de esto mismo. Por medio de estas cosas, remontaron hacia las creaciones mismas de los dioses; a partir de las cuales ellos fueron enseñados, y fueron movidos certeramente desde estas producciones hacia el conocimiento de sus propios símbolos (οἰκείων συμβόλων ἐπίνοιαν). Y así, por último, dejando abajo la naturaleza y las energías naturales, utilizaron las potencias divinas y primordiales (ταῖς πρωτουργοῖς καὶ θείαις ἐχρήσαντο δυνάμεσι).⁵⁸

Según indicamos al inicio de este artículo, el propósito de la práctica de la teúrgia, en todas sus facetas, es el progresivo contacto y contemplación, familiarización y, por último, unión con lo divino. Esta meta final se encuentra más allá de las posibilidades de la filosofía, razón por la que esta última debe de integrar a aquélla. Pero igualmente vimos que, a la inversa, la teúrgia también debe referir a la filosofía: el teúrgo no sólo es un experto en su arte, sino que ha de ser tanto un científico piadoso como un ser humano virtuoso, intención de acuerdo con la cual vivían los filósofos hieráticos. En varios de estos casos, ellos son considerados por sus discípulos como hombres divinos icónicos (θείων ἀνδρῶν εἰκόνας).⁵⁹ Para el platonismo de la antigüedad tardía, como es el caso de Jámblico, quien se refiere con aprobación al punto de vista de platónicos anteriores, el propósito del descenso del alma es manifestar la vida divina. Es la voluntad de los dioses revelarse ellos mismos en las almas de los seres humanos: 

Los platónicos que rodeaban a Tauro dicen que las almas son enviadas a la tierra por los dioses. Unos, consecuentemente con el Timeo, transmitiendo que esto ocurre para el perfeccionamiento del todo, de modo que haya también en el cosmos tantos vivientes cuantos hay en lo Inteligible. Otros, atribuyendo la finalidad del descenso para la demostración (ἐπίδειξιν) de la vida divina. Pues esta es la voluntad de los dioses, que los dioses se muestren (ἐκφαίνεσθαι) a través de las almas. Pues los dioses avanzan hacia lo manifiesto y lo muestran por medio de la vida pura e inmaculada de las almas.⁶⁰

Según indica Proclo, el teúrgo parece convertirse en una extensión de los mismos dioses, su viva manifestación: “finalmente, la unificación (ἕνωσις), la cual establece la unidad del alma (ἓν τῆς ψυχῆς) en la unidad de los dioses, haciendo una sola nuestra actividad y la de los dioses, de acuerdo con la cual ya no somos nosotros mismos sino los dioses, permaneciendo en la luz divina, envueltos por su abrazo”.⁶¹

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