Destino
¿Astrología Tradicional vs. Moderna?

POR SOLEDAD DAVIES

Este artículo cuestiona y propone replantearse algunas ideas establecidas acerca de las diferencias entre la astrología llamada tradicional y la moderna, en especial la relación del ser humano con el destino. Soledad Davies distingue más bien una orientación platónica y otra aristotélica en el abordaje y la interpretación de los signos astrológicos, que han convivido a lo largo de gran parte de la historia de la astrología, y continúan coexistiendo al día de hoy.

Introducción

Existe una creencia popular dentro de la comunidad astrológica que consiste en que las llamadas astrologías tradicional y moderna tienen objetivos y propósitos diferentes al momento de la interpretación del simbolismo astrológico: que mientras que la astrología tradicional está orientada a la predicción de eventos, la astrología moderna psicológica se orienta al autoconocimiento y el desarrollo de potenciales. 

Sin embargo, las investigaciones acerca de la historia de la astrología parecen demostrar que estas dos orientaciones siempre han coexistido a lo largo de la tradición astrológica occidental, y continúan haciéndolo. La convivencia de estas dos posibilidades constituye uno de los problemas perennes de la filosofía de la astrología, y está en el corazón de la pregunta por el destino, el determinismo y el libre albedrío. Existe una gran cantidad de evidencia en los documentos históricos que revelan el malentendido de los astrólogos modernos –propio de la cosmovisión de este tiempo– respecto al tratamiento del asunto del destino por parte de los astrólogos en la antigüedad.

La discusión filosófica en el fondo de la escisión entre la astrología tradicional y la moderna se puede explicar más claramente a partir de la distinción entre las orientaciones aristotélica y platónica, asociadas a una astrología de las causas y a una astrología de los signos, respectivamente. El astrólogo y académico Geoffrey Cornelius explica estas dos perspectivas de la siguiente manera:

La posición clásica ortodoxa tiene un fundamento aristotélico y es una especie de causalidad celestial. La calidad del momento del tiempo está determinada por la disposición de los cielos influyentes en ese momento. El segundo enfoque es platónico en su inspiración. Puede caracterizarse como simpatía cósmica: los planetas y su posición reflejan la cualidad oculta de la totalidad del macrocosmos-microcosmos en ese momento.

Según Cornelius, la astrología de las causas (aristotélica) es “objetiva, universal, regular e independiente del astrólogo”, en cambio la astrología de los signos (platónica) es “participativa, contextualizada e irregular”. A esta última la llamaré astrología de las correspondencias, en vez de signos.

Orientación aristotélica

Otro error común es intentar explicar la astrología tradicional solamente a partir del marco de la cosmovisión platónica y, sobretodo, neoplatónica, ya que esto, si bien es cierto, también es parcial: para astrólogos de referencia en los desarrollos de la astrología helenística y medieval, como son Ptolomeo y Abu Mashar, por ejemplo, sus marcos filosóficos fueron explícita y claramente aristotélicos. 

Ptolomeo fue el primer astrólogo que conocemos en presentar la lógica naturalista de la astrología. Infirió que, si la luna mueve las mareas, entonces ella y los otros planetas también deben ejercer una influencia similar sobre la humanidad. De esta manera, eliminó todas las causas divinas y mitológicas de la astrología, lo que representa un cambio decisivo dentro de la astrología: de una astrología de deidades a una de influencias físicas.

Así, el cosmos aristotélico dominó la astronomía europea hasta la revolución astronómica de los siglos XVI y XVII, y fue el marco filosófico primordial en el desarrollo de la astrología helenística y medieval. El Tetrabiblos se convirtió en uno de los textos de referencia para los astrólogos del mundo islámico desde el siglo IX en adelante. Los desarrollos técnicos más importantes en la astrología han tenido lugar sobre la base de la cosmovisión aristotélica planteada por Ptolomeo y expandida con fuerza durante la Edad Media. 

En la actualidad, la perspectiva aristotélica está representada en el movimiento del renacimiento tradicional, en las técnicas redescubiertas y en la proliferación de la astrología helenística y medieval, que son fundamentalmente aristotélicas. Pero también en aquellos astrólogos que buscan comprobar la astrología estadísticamente, o que investigan la relación entre los planetas y los asuntos de la Tierra desde la ciencia física moderna.

La cosmología de Aristóteles tiene fuertes similitudes con las de su maestro Platón. Sin embargo, mientras que el concepto básico de Platón era que las esencias que definen las cosas preexisten a cualquier instancia de las cosas mismas, por ejemplo que la esencia de la “arborescencia” preexiste a cualquier árbol real, Aristóteles creía exactamente lo contrario: que la “arborescencia” solo puede ocurrir en conjunción con árboles reales.

Es por esto que la filosofía de Platón es idealista, porque argumentó que las ideas (podríamos decir, la conciencia) sustentan la existencia física. Los materialistas, por el contrario, creen que la existencia física, es decir, la materia, sustenta la conciencia.

Orientación platónica

Por otro lado, la perspectiva platónica es la que ha dado fundamento filosófico a la tradición esotérica en la historia de la cultura occidental, y la astrología es uno de sus principales pilares. 

La esencia de la cosmología de Platón es que el cosmos es divino y está animado y organizado por el alma (anima mundi), por lo tanto la forma física y material surge del alma. Además para Platón, a diferencia de Aristóteles, el conocimiento basado en la observación o la experiencia sensorial del mundo material es cambiante y, por ende, poco confiable, por lo que el verdadero conocimiento se extrae de concepciones abstractas (del mundo de las ideas).

Esta perspectiva filosófica está presente en el Corpus Hermeticum, un conjunto de obras que data de los siglos II y III, considerado también uno de los textos que fundamenta la astrología, quizás tanto como el Tetrabiblos de Ptolomeo. Pero la explicación, uso y propósito de la astrología es diferente aquí: no está orientado a lo material y objetivo, sino hacia lo divino y trascendente. El Corpus Hermeticum presenta una mitología de la creación en la que los poderes de los planetas se impregnan en el alma, asumiendo sus características en la encarnación y descartándolas durante el proceso de iniciación o ascensión a través de la estructura de los cielos.

Los siete planetas son creados por la Mente Divina, o Nous, como gobernadores del tiempo y del mundo sensible. Esta Mente Divina también crea al hombre a su semejanza, y revela su belleza a través de la Naturaleza y el orden celeste. Por eso la realidad y el ser humano es doble: mortal e inmortal.

La metáfora del ascenso del alma implica una serie de etapas diferentes de estado de conciencia. Hermes instruye que “todos los hombres sufren lo que está ordenado, pero aquellos con razón, que son guiados por Nous, no sufren como los demás”. En otras palabras, cuanto más apegada a lo material sea la orientación, más fijo e inmutable parecerá ser el destino. Y cuanto más profundo sea el conocimiento de la ley cósmica, menos condicionado estará el individuo por las circunstancias “externas”, más capaz será de comprender el significado de todo lo que sucede en relación con sus propias acciones y su ser dentro del ordenamiento de las cosas y, por ende, de participar de manera consciente en el ordenamiento de las cosas. Esto dependerá del proceso de ascensión o iniciación del individuo que tiene el propósito de la autorrealización a través del conocimiento divino del orden cósmico. 

En un recorrido por la tradición platónica, en el Renacimiento nos encontramos con el sacerdote y astrólogo Marsilio Ficino (1433-1499), quien atacó a quienes querían reducir el potencial transformador de la astrología. En su su Disputatio contra iudicium astrologorum, escrito (pero no publicado) en 1477, se postuló en contra del determinismo de aquellos astrólogos “medievales” que afirmaban que los planetas causaban las acciones humanas y predecían eventos futuros concretos. Allí, Ficino distingue entre el astrólogo sabio, que lee las estrellas como signos divinos para comprender la Providencia de Dios; y el astrólogo ignorante, que crea su propia prisión porque está atado a sus propias opiniones y a los manuales de astrología. Para él, el destino o la libertad no dependen de las estrellas, sino de la voluntad del individuo. En una carta a Francesco Marescalchi, escribe:

Pero tal vez alguien pueda decir que es una tontería desear luchar contra el destino inexpugnable. Yo, sin embargo, respondo que puede oponerse tan fácilmente como uno quiera oponerse, ya que por esa misma oposición uno puede vencer inmediatamente lo que desea. Seguramente el movimiento de las esferas celestiales nunca es capaz de elevar la mente a un nivel más alto que las esferas. Pero quien las pone a examen parece ya haberlas trascendido, haberse acercado a Dios mismo y a la libre decisión de la voluntad… Además, aunque cualquier acción adversa y, por así decirlo, fatal procede habitualmente de una posición contraria de las estrellas a otra, nadie se atreve a afirmar que la voluntad misma y la razón, resistiendo la supuesta fuerza de las estrellas, surgen de la fuerza de las estrellas. estrellas; sino que entendemos que emanan de la providencia y de la libertad misma.¹

El propósito de la práctica astrológica de Ficino, entonces, no era predecir el futuro. Su práctica astrológica era más bien terapéutica, orientada a armonizar el alma individual con el orden celestial para poder vivir una vida plena y saludable.

En la modernidad, la orientación platónica la encontramos con mucha fuerza en la llamada astrología psicológica moderna, para la cual Carl Jung (1875-1961) es uno de sus mayores referentes.

En la orientación platónica, entonces, el énfasis está en la autorrealización, que implica la liberación de la voluntad y el entendimiento humano de los condicionamientos de los sentidos corporales y los impulsos inconscientes. Pues una vez que se ha iniciado el proceso de ascensión y autoconocimiento, uno deja de estar regido por los condicionamientos ocultos del inconsciente y el destino, pudiendo así obtener una visión mayor y, por lo tanto, una participación en el mundo más plena y bella.

Conclusión

Es decir, no hay duda, para quien realmente ha profundizado en la astrología, acerca de que la astrología tradicional no era determinista, sino que a lo largo de toda la historia de dicha disciplina podemos rastrear estas dos tendencias: una orientada al conocimiento de uno mismo y del mundo (platónica), y otra orientada a la predicción de eventos (aristotélica). Ambas han coexistido y muchas veces han estado en conflicto  a lo largo de la historia de la astrología. Como tampoco hay duda de que no es posible dar fundamento a la astrología desde una sola de estas dos posiciones, ya que estas las dos proponen una base axiomática y un propósito de la astrología diferentes pero complementarias y, por lo tanto, dos actitudes diferentes respecto al destino también.


¹ Ficino, Marsilio, Letters, Londres, Shepheard-Walwyn, 1994, vol. 3, no. 29.


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Soledad Davies es Astróloga, MA in Cultural Astronomy & Astronomy, UK, fundadora y directora de PsicoCymática.

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